26 de diciembre de 2024

LAS EMOCIONES DE LA NAVIDAD

Si preguntáramos cuál es la época en la que se suele reunir la familia, la respuesta sería unánime, o casi todos, dirían una: La Navidad.

Esto es lo que nos va a tocar vivir ahora, dentro de pocos días, y nuestra propuesta va a ser pasar unas navidades felices, con más o menos dificultades, nuestro ánimo estará dispuesto a poder con todos los inconvenientes y poner por encima nuestro deseo de disfrutarlas.

En estos días las emociones estarán a flor de piel, serán emociones de todo tipo que irán  apareciendo y cambiando, como las luces de colores intermitentes del belén o del árbol.

La Navidad familiar está impregnada de sentimientos que nos conectan con el pasado, el presente y la esperanza del futuro, es una época que nos invita tanto a la alegría como a la nostalgia, al agradecimiento y, a veces, a pequeñas dosis de tensión o melancolía.

La alegría suele ser la primera en aparecer, los preparativos, el montaje de los adornos, los niños y sus risas esperando las vacaciones y jugando con el cordero del belén o con la bola del árbol; con muchas prisas para escribir la carta a los Reyes Magos y la ilusión de los regalos. Se espera a la familia que vive fuera, con ganas de verlos y abrazarlos. Son casas llenas de vida, de colores, de aromas a comidas especiales que no dejan de traernos recuerdos de otras navidades pasadas.

La nostalgia es una emoción que se cuela despacito entre las risas y los brindis. La Navidad nos recuerda las ausencias. Hablemos de los que faltan con normalidad, es un buen momento:

  • El abuelo era el primero que cantaba y el que hacía el primer brindis ¿os acordáis?
  • Y la abuela… ¡cómo nos achuchaba a todos! y nos daba un poquito de turrón antes de cenar, sin que nadie se enterase

La nostalgia no siempre es amarga; a veces se vuelve dulce, cuando estos recuerdos, nos hacen sonreír como nos hicieron reír los que ahora nos faltan y pensamos que siempre estarán con nosotros, porque los hemos querido y los seguimos llevando en el corazón.

La gratitud también aparece en escena y ocupa un lugar central, porque, a pesar de las dificultades que hayamos podido pasar a lo largo del año, la Navidad nos invita a detenernos y a valorar lo que tenemos: la familia, la salud, esos momentos de felicidad compartida. Las palabras de agradecimiento que se pueden decir al brindar o, muchas veces el silencio, es un potente refuerzo de conexión y pertenencia al grupo.

También en Navidad se pueden vivir momentos de tensión. Hay a quien le afecta la tensión de los preparativos o quien está dolido porque esperaba que sucediera algo que no ha ocurrido; también las diferencias de opinión son, en muchos casos, motivos de conflictos, pero bueno, podríamos decir que estas tensiones forman parte del cuadro emocional de la Navidad. Todos somos individuos diferentes, unidos en una festividad familiar, que tiene la suerte de tener lazos comunes muy fuertes y esta fortaleza es a la que hay que acudir en los momentos complicados, ¿somos imperfectos?, pues claro que sí, pero esto también forma parte de la vida de la familia. 

La esperanza es la chispa luminosa que siempre acompaña a la Navidad. Los niños son su máximo exponente ¡cómo brillan sus ojos!, es una delicia poder estar a su lado y permitir que te envuelvan con su ilusión. La esperanza aparece, en los deseos compartidos alrededor de la mesa y en la creencia de todos de que el próximo año trabajaremos para que nos pueda ofrecer nuevas oportunidades. La Navidad nos invita a soñar, a creer y a renovarnos en un nuevo círculo de la espiral. 

Todas las emociones caben en Navidad, igual que todo el mundo cabe en casa en Navidad. 

Cada Navidad es única, y las emociones se entrelazan para construirla. La alegría, la nostalgia, la gratitud, las tensiones y la esperanza coexisten y nos recuerdan que lo especial de la Navidad, no es la perfección, sino la autenticidad de estos días o estos momentos compartidos. Celebramos el amor que nos tenemos, el que nos une y nos transforma, dando lo mejor de nosotros mismos, aunque sea por una noche, bajo un paraguas inmenso en el que pone en letras muy grandes: FAMILIA