30 de abril de 2026

Jugar en familia: una herramienta basada en evidencia

En los últimos años, la promoción de la salud mental en la infancia ha puesto el foco en un elemento clave: las competencias parentales. Se trata de contar con herramientas concretas que permitan a madres, padres y cuidadores acompañar de forma consciente el desarrollo emocional de sus hijos.

Desde el equipo de Psico 360, en colaboración con la Universidad Rey Juan Carlos y la Consejería de Salud y Políticas Sociales del Gobierno de La Rioja, hemos analizado precisamente esto en el Informe sobre la utilidad de los recursos de Creciendo en Espiral para el desarrollo de competencias parentales.

¿Qué hemos hecho?

El estudio se llevó a cabo con 65 familias con hijos de entre 3 y 12 años, a través de un programa breve de cuatro sesiones quincenales. En ellas se utilizaron materiales diseñados para trabajar la educación emocional en familia desde el juego: dinámicas, cuentos y recursos prácticos que facilitan la conexión y el aprendizaje compartido.

¿Qué hemos encontrado?

Los resultados apuntan en una dirección clara: cuando las familias cuentan con recursos adecuados, se producen cambios significativos en distintas áreas de la parentalidad:

  • Vincular: más momentos compartidos de calidad, mejor comprensión de los enfados y mayor atención emocional.
  • Formativa: avances en la gestión de la conducta y en la manera de abordar los errores.
  • Protectora: mayor disposición a generar entornos seguros y a pedir ayuda cuando es necesario.
  • Reflexiva: mejoras en la regulación emocional, el clima familiar y la capacidad de afrontar dificultades.

Además, las familias destacan especialmente el impacto en aspectos como el apego seguro, el respeto y el cariño, señalando que han podido no solo comprenderlos, sino también practicarlos.

Más allá de los datos

Este estudio no solo aporta resultados cuantitativos. Refleja algo que en clínica vemos a diario: cuando se facilita un espacio estructurado, accesible y experiencial, las familias pueden cambiar, desde la comprensión y el vínculo.

Como compartía una de las participantes: «Otra visión de crianza que todo el mundo debería conocer.»

El valor terapéutico del juego

Una de las conclusiones más relevantes es que el juego no es solo ocio: es una herramienta terapéutica de primer orden. Permite trabajar la conexión emocional, la regulación, la empatía y los límites de una forma natural y significativa.

En un contexto donde muchas familias se sienten desbordadas, ofrecer recursos prácticos, claros y aplicables puede marcar una gran diferencia.

Porque acompañar el desarrollo emocional no es cuestión de hacerlo perfecto, sino de hacerlo consciente… y, muchas veces, también jugando.